
«No puedo ser yo mismo»
Quizás sea una realidad desconocida, o quizás no se le da tanta prensa, o quizás se minimiza en los entornos cotidianos recurriendo a los roles de género como justificación (mandona vs calzonazos), siendo por ello motivo de mofa y vergüenza para el hombre víctima del maltrato.
Por todo ello, lo cierto es que un hombre minado emocional y psíquicamente por su pareja sentimental, no contará con los recursos emocionales ni de sostén social, para poder expresar el sufrimiento por el que atraviesa.
Debido a este especie de tabú, algunos hombres llegan a consulta (enviados «amorosamente» por sus parejas) un tanto despistados, achacando a los trabajos, a la estación del año o incluso a ellos mismos, las dificultades que presentan para afrontar su día a día, con la consiguiente incapacidad para sentir placer e ilusión por la vida.
Conforme las sesiones se van sucediendo, comienzan a sacar de «la madriguera» los recuerdos de momentos vividos en pareja en los que se sintieron profundamente humillados, silenciados o invalidados emocionalmente. Comienzan a expresar sus verdaderas emociones, el drama personal por el que transitan, las estrategias que han adoptado para evitar la confrontación con su cónyuge, las excusas a las que recurren para librarse de planes a los que están obligados a asistir, en definitiva, un ser humano que ha necesitado renunciar a sí mismo, para poder permanecer al lado de la mujer «que quiere», o quizás sería más apropiado decir «que teme».
Sus severas carencias afectivas (de origen familiar la mayor parte) y su personalidad inmadura, le harán depender de su verduga, por lo que mostrará serias dificultades para empoderarse y poder tomar la decisión de salir del maltrato al que vive sometido por la persona que «teóricamente» lo iba a amar y apoyar (realidad exactamente igual que la que viven las mujeres víctimas de violencia).
Es habitual que las mujeres nos aferremos a muletillas del tipo: mi casa, mis normas; madura, pareces un crío; eres un egoísta; me abandonas por tus amigos; me obligas a ser una mandona; todos los hombres sois iguales; siempre estás pensando en los mismo; etc.
Dejo para terminar la reflexión y el enlace del artículo del psicoterapeuta José Luis Cano Gil «La mujer maltratadora», para poder seguir ahondando en las circunstancias personales, familiares, sociales y culturales que perpetúan este drama silenciado:
El tabú de la mujer maltratadora no sólo es perjudicial para los hombres, sino también, obviamente, para ellas mismas. Para las relaciones entre los sexos. Para el amor y la creación de familias. Para la crianza y la felicidad de los hijos. Para la paz y la justicia social. Etcétera. Este tabú impide a mujeres y hombres concienciar y resolver las bases neuróticas de su sadomasoquismo compartido. Las mujeres violentas, como los hombres violentos, no lo son por maldad o por gusto, sino por tremendos déficits emocionales infantiles. A causa de ello son niñas vacías, inestables, rabiosas, desesperadas. Por eso necesitan un «huésped» al que aferrarse y violentar. Desgraciadamente, muchísimas de ellas -dada la coyuntura social- jamás advertirán su problema. Sólo sus víctimas, a veces, llegarán a pedir ayuda terapéutica y/o legal.
http://www.psicodinamicajlc.com/_blog/pivot/entry.php?id=491

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