
Si estás intentando romper con la tradición de comer todos los domingos en familia, si no sabes cómo decirle a tu padre que no quieres seguir con la empresa familiar o si tienes miedo de que tu familia no acepte a tu nueva pareja, es posible que seas miembro de una familia aglutinada.
Desde el enfoque sistémico, la familia es considerada como un sistema dinámico y abierto, en constante evolución, siendo fundamental para la correcta interacción entre sus miembros, que existan unos límites claros y adecuados que permitan regular las relaciones de forma saludable, tanto de la familia con el exterior como entre los propios integrantes del sistema.
Cuando esto no ocurre (es lo más frecuente tanto en población general como en clínica), se pueden observar estructuras familiares disfuncionales, que repercutirán en el sano y óptimo desarrollo tanto del sistema familiar como de sus miembros considerados de forma individual.
Las familias aglutinadas, conocidas coloquialmente como «familias piña» poseen una serie de características que las hacen perfectamente reconocibles:
- Límites difusos entre sus miembros: como ventaja de esta forma de organización intrafamiliar, cabría destacar que siempre toman decisiones de forma compartida y no suelen tener dificultades para afrontar los problemas que se puedan presentar. Por contra, este tipo de familia conlleva que todos saben de todos, lo que hace que todos se vean con el derecho de inmiscuirse en la vida de los demás, dificultando el poder mantenerse al margen de conflictos entre sus integrantes (por ejemplo los progenitores hacen partícipes a sus hijos de sus problemas conyugales). La intimidad y el espacio propio se pueden ver como señal de egoísmo.
- Límites rígidos con el exterior: suelen aislarse del contexto, siendo las fronteras que establecen con el mundo exterior rígidas, pudiendo guardar celosamente la información sobre sus asuntos internos. Esta característica explicaría el por qué se hace muy complicado para un miembro externo al sistema, ser aceptado fácilmente por este. Tendrá que demostrar su lealtad y afinidad con el sistema y sus «costumbres», para poder pasar la prueba de fuego.
- Confusión de roles entre los miembros: las familias en las que no existen unos límites claros, presentan repercusiones en las jerarquías entre sus diferentes miembros, pudiendo los hijos ejercer de «hijos dotados» o «parentales», lo que les lleva a asumir responsabilidades propias de los progenitores. La realidad es que debe existir una jerarquía de autoridad en la que los padres y los hijos posean niveles de poder diferentes.
- Sentido de pertenencia familiar exacerbado: se prioriza el sentido de grupo en detrimento de la autonomía personal, lo que dificulta el desarrollo de proyectos individuales entre sus miembros. En algunas familias donde esta estructura es muy rígida y predominante, podría incluso ser la propia familia como entidad, la que decida cuál debe ser el proyecto personal de alguno de sus miembros. Algunos ejemplos son el seguir con la saga profesional de la familia (considerándose una deslealtad a los ancestros negarse) o esperar que la hija menor se abstenga de formar una familia, ya que tácitamente se le asigna el cuidado de los padres mayores. Su identidad consiste en ser un «buen hijo» o una «buena hija», por lo que la aprobación paterna y/o materna, será fundamental.
- Cercanía física entre sus miembros: es frecuente que los miembros de estas familias vivan bajo el mismo techo, aunque ya hayan superado con creces la edad de emancipación y tengan su propio trabajo. También es frecuente que vivan en domicilios independientes pero muy cercanos (por ejemplo distribuyéndose en distintos pisos del mismo bloque de edificios).
La consecuencia más perjudicial de este tipo de sistemas, es la dificultad que experimentará el miembro que necesite desarrollar un proyecto individual, desconectado del engranaje familiar. Las manipulaciones y los chantajes serán frecuentes, teniendo que asumir la etiqueta de «oveja negra».
Saber poner límites y desvincularse progresivamente de la necesidad de aprobación familiar, serán nucleares para que el miembro díscolo pueda hacerse con su propia vida, sin culpas, sin reproches, sin ataduras intrageneracionales que ya no le pertenecen.

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