
¿Qué ocurre cuando la energía que mueve una relación es EL PODER en lugar de la cooperación?
La necesidad de ganar al otro será la motivación principal en la pareja, colonizarlo y demostrarle/se quién regenta el control. Obviamente esta «victoria» no revierte constructivamente en la relación, sino que aleja, enfría y hace suspicaces a sus miembros.
Cuando esta dinámica se instala en una relación afectiva (sentimental, materno-filial, paterno-filial, entre hermanos, etc.) la espiral de agresor-agredido cambia en una misma discusión incontables veces, siendo complejo discriminar quién está agrediendo y quién se está defendiendo. El observador ajeno solo verá dos personas que se encuentran inmersas en una lucha, siendo las voces, los insultos, las acusaciones y las historias del pasado las armas empleadas para DAÑAR al otro, ya que cada escalada de violencia resta respeto y cuidado hacia el otro.
Las cuestiones cotidianas como la elaboración de la lista de la compra, la colocación de cajones, la celebración de cumpleaños o qué se hará en las vacaciones de verano, son arena de lucha en la que se habrá de batallar quién se lleva el «gato al agua», ya que desde este patrón vincular, el acto de ceder o dar la razón al otro significa perder posiciones.
Tener razón ante el otro, es la vía utilizada para hacer destacar la propia personalidad, la identidad, dejando al descubierto esta necesidad de reafirmación, el que ambos miembros sienten que están hipotecando facetas del desarrollo individual en pos de la pareja, lo que provoca rabia y oposición, ya que aflora la visión subjetiva de que la balanza está totalmente desequilibrada hacia el otro miembro de la pareja.
Cuando una pareja en consulta refiere expresamente que siente que: «me habla con odio», «me mira con rabia», «le causo rechazo», sin duda es indicativo de que están funcionando bajo la «afectopatología por rivalidad» (Luis Raimundo Guerra Cid).
La tacañería afectiva que se instala en esta relaciones es la responsable de que ofrecer al otro una muestra de cariño sea interpretada como una forma de hacerle ganar «terreno» en la relación, puesto que se vive más como una muestra de vulnerabilidad que como un gesto de acercamiento.
La única forma de salir de esta dinámica tan nociva, será trabajar en aras de la cooperación, dejando fuera de la ecuación al EGO, agente iniciador y mantenedor de los conflictos, las luchas de poder y la necesidad vital de «llevar razón», obviamente el proceso debe ser guiado por una profesional de la psicología, teniendo únicamente posibilidades de terminar con éxito si sigue habiendo amor mutuo entre los miembros de la relación.

Deja un comentario