El origen de los complejos físicos: humillación, vergüenza y una sociedad fóbica.

Todas y todos sin excepción, en algún momento de nuestro ciclo vital, hemos podido ser blanco de burlas y humillaciones relacionadas con nuestro aspecto físico.

Si echamos la vista atrás, nos podemos recordar preocupad@s porque en el colegio y/o en el instituto, algun@s abusadores se dirigían a nosotras con descalificativos o «motes» hirientes (palabras que nos han resultado imposibles de borrar).

Hace 20 años, en el aula del instituto donde solíamos dar la mayoría de las clases, apareció una silla con una silueta dibujada con rotulador permanente. Encima de la figura estaba escrito mi nombre. De la parte del cuerpo que querían burlarse, sacaron unas flechas aclarativas que terminaban en la palabra «cartucheras».

Hoy, con 36 años, sé que nunca les pasé desapercibida y también que esa fechoría llevaba nombre de NIÑA.

Y es que ya conocemos el dicho: de aquellos barros vinieron estos lodos. La realidad «Mujer contra Mujer» indudablemente está precedida de «Niñas contra Niñas». Niñas que se convertirán en mujeres que se convertirán en enemigas (si nosotr@s como sociedad no lo remediamos).

De aquellos años puedo recordar cómo personas muy cercanas a mí, sufrieron al igual que yo, las mofas y los insultos de unos cuantos. Las consecuencias del maltrato siempre terminan haciéndose visibles, aunque a priori no acertemos a ver la conexión y prefiramos apelar a nuestro derecho a la libertad de decisión, para tratar nuestro cuerpo, para sentirnos mejor y gustarnos más.

Me estoy refiriendo por ejemplo, a recurrir a la cirugía estética «libremente» para hacer desaparecer un complejo físico. Si pudiéramos zambullirnos en la historia de vida de esa persona, muy probablemente nos toparíamos con una experiencia de maltrato, quizá de insultos continuados sobre una parte o la totalidad de su cuerpo, provocándole dolor, rabia, miedo y tristeza.

Si el niño y/o el adolescente tiene la inmensa fortuna de contar con unas figuras de referencia (padres) que sean capaces de sintonizar con él y su sufrimiento, traduciéndoselo, hablando sobre él, pensando de forma conjunta sobre las emociones y sensaciones del menor (mentalización), para finalmente llevar a cabo el aprendizaje que se rezuma de la situación vivida, habrán conseguido el mejor desenlace: el menor no se responsabilizará de lo sucedido, no elaborará creencias erróneas sobre sí mismo (complejos físicos) y el mundo, y finalmente, no estará dispuesto a dejar de ser quién es, para encajar en el molde de una sociedad que acumula tantas fobias, que ya hemos perdido la cuenta.

Si por el contrario, el menor no contó con este soporte asentado en la inteligencia emocional de sus figuras de referencia (es lo más frecuente), aparecen los complejos, la autocrítica que asfixia y deprime salvajemente.

Recuerdo a una adolescente que pedía con urgencia someterse a una intervención con balón gástrico. Con apenas 20 años ya contaba con un histórico de dietas fallido. Lo más conmovedor de su historia no tardó mucho en salir a flote, su madre era su principal crítica, en consonancia con los insultos que recibía en el colegio, el instituto y el entorno de la madre (las amigas de su madre también la criticaban por su sobrepeso, lo más doloroso para esta joven es que lo hacían delante de su madre y esta era incapaz de «sacar la cara» por su hija…) para terminar de rizar el rizo, la madre intentaba expiar su culpa por lo sucedido, cocinándole alimentos hipercalóricos, un absoluto desastre.

Llegados hasta aquí, no nos resultará muy difícil intuir cuál es el motivo por el que las actrices sucumben a la cirugía estética, por el que algunas personas sienten verdadero terror a envejecer y con ello a desaparecer. ¿Qué no haríamos por conservar nuestro trabajo, nuestro marido, nuestro estatus, etc.?

Cuando critiquemos a las actrices, personajes públicos e incluso con más fiereza a nuestra vecina del 4º cuando se deforman la cara a golpe de bisturí, pensemos en lo que dijo recientemente Emma Thompson dando a entender que, para ella, este tipo de retoques son «una forma de psicosis colectiva». En la misma entrevista reconoció los problemas de inseguridad a los que se tuvo que enfrentar para desnudarse en una de las secuencias de la película que protagonizó recientemente, y también, que hace años contempló la idea de la cirugía…

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